
El debate comienza con la pregunta sobre quién es el más grande olímpico de todos los tiempos, el atleta que supera a todos los demás a través de la historia. Y surgen los nombres. El finlandés Paavo Nurmi, el fondista que ganó nueve oros y tres platas en los juegos de Amberes, París y Ámsterdam. Carl Lewis, que ganó nueve oros y una plata, cuatro de las doradas en Los Angeles, cuando triunfó en los 100, 200, 4×100 y salto largo. O Jesse Owens que hizo lo mismo de Lewis en el 84, pero 48 antes, otorgándole un valor moral inigualable al arruinarle la fiesta al mismísimo Hitler en Berlín.
El debate está abierto y el propio Michael Phelps, abstraído en la impunidad de sus 23 años, dice “yo no pienso en esas cosas; yo sólo nado”. Será un tema para adelante.
Pero la comparación con Owens surge también por otro lado.
Y es que basta ver la cobertura que la prensa china ha hecho de la hazaña de Phelps para pensarlo. En todos los diarios, pero con particular desdén en el único que se publica a nivel nacional en inglés, el China Daily, al norteamericano lo han tirado por el desvío. Incluso hoy lunes, en que finalmente lo destacó en portada, la descripción de la hazaña sigue siendo más bien irónica, con frases como “sólo el presidente de Estados Unidos ha estado tantas veces de pie ante el himno nacional en televisión” o “nunca ha habido un nadador cuya ganancia de medallas amenazara tanto con provocar dolor de cuello” o, mejor, “el detector de metales se va a volver loco cuando vuelva a su casa”.
En general, la prensa china ha mantenido una actitud de menosprecio, de subrayar que no hay aquí tal hazaña, poniéndolo en lugares secundarios, seleccionando otros atletas locales o no para los títulos y fotografías principales y ligando siempre, a veces con ironía, sus triunfos con la plata que va a ganar y con la idea de que puede dedicarse a descansar el resto de su vida, algo particularmente ofensivo aquí.
Puede ser que los norteamericanos hayan levantado a Pehlps como símbolos del status quo. Que hayan querido decirle a los chinos, de quien ellos creen que organizaron los juegos para graduarse de superpotencia, que ante una nueva superpotencia, los héroes siguen viniendo del mismo bando. Y puede ser también que la cultura china no se impresione tan fácilmente con lo que nos importa en occidente. Puede ser. Pero lo que a mí me suena más es que hay una terca lucha entre los medios de ambos países, en definitiva entre ambas culturas dominantes por ver finalmente quién es el que gana la otra guerra de estos juegos, no la del medallero (que es todo un tema), sino la de las imágenes que quedarán para la posteridad.
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