Irresponsables de porquería
11 08 2008Puede que la perspectiva desde aquí, desde el otro lado del mundo sea muy distorsionadora, pero a la distancia, con la salvedad incluso de que me pueda estar perdiendo algún detalle importante, la famosa grabación del profesor que agrede a su alumna en Antofagasta no me parece tan grave.
Es más, aunque puede resultar un comportamiento inapropiado para un docente y no precisamente pedagógico en términos de enrostrarle a la chiquilla su frágil situación social, me faltan al menos dos cosas:
1.- ¿qué pasó antes de la discusión?
2.- ¿cómo se comporta normalmente ese profesor?
3.- ¿cuánto de las responsabilidades de los alumnos (o de la alumna) estamos tomando en cuenta?
A raíz del famoso caso del jarrón de agua, he conversado con varios educadores, de distintas edades, formaciones y experiencias. Todos me merecen absoluto respeto y confianza y todos me dijeron más o menos lo mismo: los actos de indisciplina de los alumnos son cada vez peores y cada vez más difícil no sólo controlarlos, sino que castigarlos y usarlos eventualmente como material educativo y de corrección.
Dos ejemplos: la profesora que pilla con un torpedo, copiando descaradamente en una prueba, a una alumna de un colegio de monjas de Santiago y terminada enfrentada a un careo tipo “tu palabra contra la mía” delante de la pupila y sus padres que, por supuesto, reclamaron por la nota uno que le pusieron a su niñita.
Otro. La profesora de un liceo del sur que, al pasar por el fondo de la sala, ve a un alumno con su pene fuera del pantalón y sobre su pupitre. Lo expulsa de la clase y termina, reclamo paterno de por medio, pidiéndole disculpas al alumno, a sus padres y al curso entero por haberlo echado de la sala. Flor!
No son leyendas urbanas. Son historias vividas o recogidas directamente por quienes me las contaron. Y hablan de que nos estamos excediendo en el tema de los derechos de los alumnos. No digo que lo de Antofagasta sea el caso, pero preferiría tener más contexto antes de rasgar vestiduras y crucificar a un profesor.
Y una última. Me dio un poco de risa, desde acá, y no pude comentarlo en el programa, ver al senador Cantero denunciando esto. Porque a propósito de lo que pasa en las salas de clase, recordé que en un aula, delante de sus alumnos un profesor universitario vivió un incidente bochornoso que protagonizó Carlos Bianchi, independiente por la 12ª. Al recibir su hijo una nota uno por copiar un trabajo de Internet para un curso de derecho, fue a amenazar al profesor con que o cambiaba la nota o lo iba a dejar sin trabajo y él y su familia tendrían que mendigar en Magallanes, donde el senador Bianchi parece tener muchas prerrogativas, para sobrevivir.
Me dio risa porque el escandalizado senador Cantero es compañero de bancada de Bianchi. Y porque ni Cantero ni nadie en el senado se inmutó cuando esta historia se publicó en El Mercurio.
Como entre bueyes no hay cornadas, ¡qué fácil es, en cambio, arrasar con un profesor de liceo!
A lo mejor no. Tal vez las cosas desde Beijing se ven al revés. ¿O no?
Iván Valenzuela.
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